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La piscina de 42 Madrid: el camino hacia la meta

La Piscina. Un desafío de 26 días consecutivos que tiene lugar en el campus de 42 Madrid y que sirve como último paso del proceso de selección de la academia. Proyectos diarios que brindan la oportunidad a los candidatos de obtener una base sólida en lenguaje C mientras aprenden a trabajar junto a sus compañeros. Programación 7 días a la semana, día y noche, junto a otras 299 personas en idéntica situación de incertidumbre.

A los candidatos que deciden lanzarse al agua se les conoce como piscineros y son los más indicados para contar en qué consiste esta experiencia única. Para ello, les hemos preguntado cómo han lidiado con las dificultades para mantenerse a flote y qué han extraído de un reto tan exigente. “La experiencia es completamente diferente a lo que había vivido académica y laboralmente. Espectacular el ambiente colaborativo y de superación de los compañeros, ¡sin igual! Me atrevo a decir que elimina el gap entre la enseñanza y los perfiles demandados por las empresas. Como padre de dos hijos aún pequeños, veo luz y esperanza para ellos”, afirma Pablo. Madrileño de 51 años, Pablo ha sido uno de los piscineros más activos de septiembre.

No existe un perfil definido de candidato y sí una amplia heterogeneidad entre ellos, lo que contribuye al desarrollo de la capacidad de adaptación. Mientras que las primeras piscinas han tenido una edad media de 26 años, sólo un 45% de los candidatos son de Madrid. De hecho, incluso un 15% provienen de fuera de España. Además, un 50% de piscineros no habían estudiado o trabajado con lenguajes de código con anterioridad. En cualquier caso, todos los piscineros han contado con las mismas oportunidades que el resto para convertirse en estudiantes de 42 Madrid. En estas primeras piscinas, han compartido clusters un padre y un hijo, una pareja de gemelos, varios matrimonios, parados de larga duración, recién salidos del instituto, universitarios o trabajadores que compaginaban con esfuerzo ambas tareas. Además, junto a los estudiantes españoles se han sumergido en la programación venezolanos, franceses, colombianos, coreanos, peruanos, brasileños o italianos.

A propósito de los conocimientos previos, Sandra nunca se había formado en programación a sus 34 años. Trabaja como project manager de manera autónoma y tiene muy claro por qué ha decidido acudir a Distrito Telefónica todas las mañanas: “cuando trabajas con un equipo con el que ya tienes confianza, es más fácil hacer trabajos de cierta envergadura a nivel tecnológico porque te dan su apoyo, pero la cosa cambia cuando quieres gestionar proyectos con equipos externos. Al final, lo que te exige un equipo de desarrollo es que hables su mismo lenguaje. Es ahí dónde identifiqué mis carencias y 42 Madrid me daba la oportunidad de subsanarlas”. Por su parte, Alicia, de 18 años, no dudó en postularse a entrar en 42 Madrid al ser respaldada por su madre, que vio en la iniciativa un medio de formación idóneo para su hija. Alicia, nacida en Cartagena, explica: “siempre me ha interesado el mundo de la informática y me tomé 42 como un reto. En este sector hay muy pocas mujeres y me decía que tengo muchas ideas y proyectos que me gustaría llevar a cabo. Por lo tanto, quería conocer las herramientas necesarias para luego ir más allá”. Alicia venía de cursar en la universidad el primer año de Ingeniería de Computadores.

El hecho de que esté Telefónica detrás es una garantía de que va a tener recorrido. La educación tradicional tiene muchas carencias que, en cambio, este tipo de formaciones sí solventan. Me encantaría que esta metodología se aplicara en muchas otras áreas, no sólo la tecnología.Sandra, piscinera

Aunque el compromiso que se espera de cada piscinero para superar el período de piscina es exigente, ellos mismos son conscientes desde los primeros días de que avanzar requiere tiempo y colaboración. Como dato significativo, el tiempo medio de los candidatos en el campus es de 12 horas diarias. Es a través de la experiencia, la repetición y la práctica como se progresa en 42 Madrid.  Es más, cada piscinero cuenta con una bolsa de puntos de evaluación que se va consumiendo con cada proyecto que es corregido por un compañero. La única vía de recuperar todos esos puntos es evaluando al resto de la misma manera. Rodrigo, guía de montaña, 27 años y recién llegado de China tras doce meses de inmersión lingüística, venía entrenado en el aprendizaje de un nuevo sistema de significantes y significados. A pesar de ello, las adversidades han sido las mismas para él: “lo que más me está costando es la falta de tiempo para, especialmente, los proyectos más difíciles. Cuesta gestionar el tiempo cuando se van acumulando. Acabas haciendo balance y decidiendo”. Los obstáculos son numerosos y variados, pero la única ayuda con la que cuentan los piscineros son ellos mismos, los compañeros y su buscador de internet favorito.

Puede sonar impactante, pero, en las piscinas de 42 Madrid, la puntuación más habitual cuando se entrega un proyecto o un examen es 0. Todo está ideado para llevar a los candidatos al fondo de la piscina y experimentar con los límites de su capacidad de aprendizaje. Recordamos que 42 Madrid versa sobre aprender a aprender.  A pesar de esto, la metodología también está diseñada para que no sea motivo de desfallecimiento o desánimo. La única solución es asumir que un 0 puede significar dos cosas: una, que se ha invertido poco o ningún esfuerzo; o dos, que se ha hecho un gran esfuerzo, pero no el suficiente. Siempre es importante hacer un gran esfuerzo, incluso cuando se recibe un 0. Salvatore es uno de los piscineros que vienen de fuera de España, concretamente de Sicilia. De formación jurídica, decidió con 30 años que quería cambiar de rumbo y sintió que 42 Madrid podría ser su vía de entrada al mundo de la programación: “lo más duro es la frustración de no conseguir superar un proyecto cuando lo intentas día tras día. Vuelves a casa pensando que has perdido muchísimo tiempo, pero a la mañana siguiente te das cuenta de que no ha sido un día perdido: esa frustración ha sentado las bases para que, después de descansar o despejarte, lo entiendas. Tenemos que aprender a superar estos momentos de dificultad”.

Al final, Pablo, Sandra o Salvatore, y realmente casi todos los que han nadado hasta el final, han coincidido en que están agotados, pero también en que, con todos los conocimientos prácticos que han adquirido sobre programación y sus propias capacidades, han terminado la piscina con la satisfacción de haber hecho todo lo posible. Una sensación de euforia personal mezclada con la extrañeza de volver a la realidad de cada uno. Lo que toca ahora es esperar alguna noticia de 42 Madrid. Refrescar la bandeja de entrada del buzón con mucha frecuencia, como si así se acelerara el proceso. Aptos o no aptos, ya nada será lo mismo para los piscineros después de una experiencia como esta.

El primer día fue desesperante. No sabíamos nada y todos estábamos nerviosos, pero descubrimos que era un trabajo totalmente colaborativo. Aunque 42 es una montaña rusa, yo no he querido dejarlo nunca, me gusta demasiado esta idea. Fue gracias a mis compañeros que he podido llevar la cabeza fuera del agua con una sonrisa en lugar de con desesperación.Cristina, piscinera

Suena sencillo eso de que a los piscineros no se les dé más indicaciones que la de que sigan nadando, pero es importante. Queremos recordarles que no se rindan, independientemente de si están dando sus primeros pasos en la programación o si ya han tomado clases de C y saben picar código. Aunque la piscina es una experiencia agotadora, también es un gran lugar para aprender más sobre uno mismo y ser parte de una comunidad muy unida. En cualquier caso, en 42 Madrid de Fundación Telefónica estamos muy orgullosos de todos los que han tenido el valor de lanzarse a la piscina para dar lo mejor de ellos mismos.

Por Eduardo Santana