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¿Educación por pasión o por imposición?

Kevin es el primer estudiante que firma una entrada en la web de 42 Madrid. Con 27 años, es uno de los integrantes del nutrido grupo de personas que compagina un trabajo con su formación en el campus de programación de Fundación Telefónica. Interesado en Big Data e Inteligencia Artificial, entiende un presente donde la digitalización es un elemento transformador clave. En esta ocasión, reflexiona sobre lo que conocemos como educación tradicional y su propia experiencia vital hasta llegar a 42 Madrid.

¿Educación por pasión o por imposición?

Soy de la generación que nace en el tiempo donde el ser humano doma las turbias aguas de los continentes con imponentes barcos, surca los aires como ave de metal experimentada en la emigración y recorre las calles con la esperanza de dar el próximo gran salto de su especie, pero que aún impone la forma “correcta” de aprendizaje limitando el potencial desarrollo del individuo.

En mi país hay un dicho muy común: la letra con sangre entra. Tuve la curiosidad de saber su origen ya que, para mí, en la primaria no fue muy agradable aprender las tablas de multiplicar con este método. Así que le dediqué un par de minutos a investigar en “la Real Academia del Conocimiento Wikipedia”, (“RAKW”) por sus siglas en inglés, y encontré algo muy interesante del pintor español Francisco de Goya. Él hace una crítica hacia el sistema educativo en uno de sus cuadros llamado “La letra con sangre entra o Escena de escuela”, pintado en el transcurso de los años 1780 – 1785 utilizando la técnica óleo sobre lienzo. Os lo recomiendo.

Sin perder el rumbo, es sorprendente que se haya cambiado el maltrato físico y psicológico para ser especialistas en crear generaciones de robots orgánicos diseñados únicamente para realizar tareas por 8 horas diarias. Sin derecho a quejas, sin dejar espacios a trascender y ser realmente consciente de elegir y desarrollar, pensar y construir, sin tener la posibilidad de reinventarse las veces que sean necesarias, para aportar una mente creativa y no una que está mecanizada.

«¿Nos podríamos llegar a imaginar una educación a la carta? Tendríamos un menú base, pero con múltiples opciones para combinar a nuestro gusto, y hacer de ello un plato exquisito. Sin olvidar el postre.»

En los últimos años, hemos experimentado un gran cambio en lo que conocemos como educación tradicional y los gobiernos sienten que las exigencias demandadas por la sociedad hoy en día son muy distintas. Se necesita construir un modelo que se salga de lo convencional para que el conocimiento pueda ser accesible a todo aquel que tenga la motivación, sin discriminar género, raza, religión, edad, economía, o cualquier barrera implantada a través de los años. Internet juega un papel trascendental en este paso. Su acceso es la base de la educación del futuro y estoy convencido de que se convertirá en un elemento declarado de primera necesidad y así poder llevar y garantizar el conocimiento libre a todas las personas en cada rincón del planeta. La educación debe pasar de existir en los libros como un lujo aglutinado en las vastas bibliotecas a, además, estar a un click de distancia de cada ser. Conoceréis la verdad…

Realicé un pequeño sondeo en una red social donde alrededor de 50 personas respondieron de forma voluntaria un cuestionario acerca de sus experiencias como estudiantes. El objetivo: tener un panorama más claro antes de escribir. Y como nos gusta cotillear, os comparto los resultados. A la pregunta: ¿te apasiona lo que estudias o estudiaste? El 60% contestó “sí”, un 10% “le gusta, pero no es su pasión”, otro 20% lo hizo “por obligación o porque era una profesión con salida al mercado”, y el último 10% optó por “sí, pero después de haber abandonado otros estudios”.

Segunda pregunta: ¿qué cambiarías del método de enseñanza? La mayoría estuvo de acuerdo en no dar tanta importancia al conocimiento teórico, sino enfocarse en las prácticas porque el panorama al finalizar era totalmente distinto. Una joven me aseguraba que le hubiese encantado escoger el área que más le gustaba porque vio muchas asignaturas de relleno. Un comentario en concreto que me pareció muy acertado fue el de Katherine, que compartió: “hay que permitir el aprendizaje activo y no solo receptivo”.

Tercera pregunta: ¿tu aprendizaje fue divertido? Aquí las opiniones no eran muy alentadoras. Hubo comentarios como: “a ratos”, “sí y no”, “la experiencia fue divertida pero el aprendizaje no”, “sí lo fue, pero también muy estresante por tomar asignaturas por obligación y no por gusto” o “no y un rotundo no”.

Antes de continuar con la última pregunta quiero compartirles una reflexión de la célebre educadora María Montessori. En sus principios básicos del método mantenía que “la auto educación se debe dar creando un ambiente libre, en el que se pueda desarrollar los aspectos sociales, emocionales, e intelectuales. Espacios que incluyen lenguaje, plantas, música, libros, el material específico de vida práctica, vida sensorial entre otros, estos son elementos esenciales del ambiente preparado”.

Cuarta y última pregunta: ¿fue difícil acceder a la educación? Las respuestas variaron según el país. Muchos le agradecieron a la educación pública, o a instituciones que brindan estudios superiores gratuitos, pero aseguran que fue difícil conseguir una plaza. Algunos tuvieron el apoyo de sus padres, otros trabajan y estudian al mismo tiempo y otro tanto por ciento accedió a la educación, pero a una carrera que era más accesible económicamente que la que tenían en mente.

Mi experiencia

Para finalizar, os comparto algunos detalles de mi experiencia. Después de haber estudiado parte de mi bachillerato en la escuela tradicional que tenía como énfasis formar docentes, y donde conocí autores como Jean Piaget o la anterior mencionada María Montessori que influyeron en el pensamiento acerca de la educación que tengo hoy en día, empecé los estudios superiores en Ingeniería de Sistemas en mi país de origen, Colombia, en el año 2010. Al segundo año, tuve que aplazarlo por cuestiones económicas. Ese mismo año, ante la frustración, entré a prestar servicio militar obligatorio 18 meses y, un año después de haberlo finalizado, empecé una formación técnica en recursos humanos en una institución pública gratuita. Cuando terminé las prácticas, migré a España. Tres años transcurrieron hasta que decidí retomar los estudios y comenzar la travesía de buscar cursos de programación o relacionados con lo que había estudiado, pero los costos se me salían del presupuesto o el horario se cruzaba con el trabajo. Después de llevar meses de búsqueda y por algún algoritmo milagroso, o por deseo de algún ser de otra galaxia que tal vez su nombre empiece por “M” me encontré con la publicidad de estudiar en #42MadridFTef.

Al iniciar el proceso, tuve la sensación de estar en un sueño. ¿Cómo así que es posible ir a estudiar cuando yo quisiera, como yo quiera y lo que me apasiona? No tener la obligación de estar varias horas en una cátedra de relleno, gratis, donde el conocimiento lo compartes entre tus colegas, que está abierto 24/7 e infinidades de flexibilidades para que el aprendizaje sea por pasión y no imposición.

Y así ha sido, un sueño que está en constante evolución, que se adapta y percibe los cambios mínimos para garantizar el acceso a los materiales de aprendizaje, para hacer una experiencia divertida, para aprender a aprender, un modelo educativo que influye la pasión, la dedicación, la voluntad que sientes en hacer lo que haces, un modelo que solo avanzas cuando quieres, que despierta los sentidos, la creatividad  y que puedes decidir que aprender, un modelo UP TO YOU.

por Kevin Amin Ríos, estudiante de 42 Madrid Fundación Telefónica